miércoles, 12 de enero de 2011

Somos inmortales.

¿Te has parado a pensar que en los mejores momentos nunca hay nadie para inmortalizarlos? Son momentos mágicos, fugaces, brillantes y permanentes... como las estrellas; te sientes dichoso y lo aprovechas al máximo. Le sacas el máximo jugo al momento... demasiado bueno para ser cierto, ¿no?.
Sonríes, te mueves, te dejas llevar, ríes fuerte, gritas más alto... ¿Son todas estas cosas síntomas de felicidad? ¿Somos capaces de sentir ese temblor, que nos hace casi imposible mantenernos de pie, y vivirlo por una
sorpresa? ¿De ser tan inmortales como los recuerdos?

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