Adoro las sonrisas de complicidad, me vuelven loca. Las que están llenas de cariño, esas que hacen que sonrías tu también. Las sonrisas que ocupan toda la cara, nunca alcanzo a verlas enteras, y su alegría me invade. Como no, más que ninguna otra, adoro la sonrisa ante lo desconocido, la primera sonrisa al ver algo nunca visto: una estrella fugaz, un coche en marcha, el primer roce, el recuerdo de soplar las velas.. Es una sonrisa igual a la que ponen los pequeños al dar miles de vueltas cogidos de la mano y caer al suelo, sonriendo satisfechos... han conseguido que el mundo gire para ellos.
Yo catalogo mis sonrisas en cinco, la más importante, la quinta, es única y exclusivamente para ti.
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